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Miércoles, 29 Marzo 2017

La Patria es el Otro

Jueves 18 de Febrero de 2016 19:56

altSegunda entrega de la serie Escritos forever. En este oportunidad, el escritor chaqueño Mariano Quirós y su relato del triunfo de Chaco For Ever sobre Sportivo Patria (Formosa). Otra forma de ver el fútbol, con la pasión de siempre.


No vi el gol de Visconti porque me distraje con no sé qué cosa en una de las tribunas. Cuando me quise dar cuenta, todo el estadio estaba de pie y a grito pelado. Esperé la repetición del gol y no, en la cancha no es como en la tele, no hay repetición. En la cancha hay que estar atento. Me tuve que conformar, apenas, con el relato de mis compañeros tribuneros, que me contaron algo así como que el 5 recuperó la pelota en mitad de cancha y abrió de inmediato hacia la izquierda para el 11, que ante la salida de un defensor tocó hacia el medio para el 10, quien a su vez —con mucha calidad, recalcaron— abrió hacia la derecha para el gran número 9 de For Ever, que entrando al área recibió una de esas pelotas que los delanteros aman y desean y con un tiro rasante venció la resistencia del arquero. Golazo. Y yo no lo vi.

En cambio, sí estuve atento cuando en el primer tiempo —más o menos hacia los 5 minutos— el 4 de For Ever quiso mandar la pelota al córner y, de no haber mediado una antológica estirada del arquero, casi la clava de cabeza en un ángulo. Gran arquero el de For Ever, grandes reflejos. La suya fue una atajada de antes, una atajada espectacular y muy vistosa. Tuvo el gesto de reprochar el insólito despeje de su compañero, pero en el fondo le habrá gustado lucirse de aquella manera. No todos los partidos uno tiene oportunidad de pavonearse así. Por un momento me hizo recordar al gran Superman Merlo, las atajadas de mi niñez.

Antes de esa jugada —de ese casi gol en contra— nos habíamos instalado en uno de los palcos que la dirigencia de For Ever reserva para la prensa o para alguna autoridad o para sí misma. Muy cómodos, a resguardo del chaparrón amenazante y con aire acondicionado. Pero pasaron cinco minutos —el partido ni siquiera había empezado— y ya nos sentíamos como hamsters en pecera. O como pescados, porque ni siquiera dábamos para peces. El palco era como un gran cono de silencio, al que no llegaban ni los gritos ni el ritmo loco de la hinchada. Por una cuestión de dignidad —hasta diría que de hombría— elegimos salir, fundirnos en una platea familiar y amistosa, desde la cual, junto con el partido, pudimos ver el fervor con que la hinchada forevista “se mueve para acá, se mueve para allá, esta es la hinchada más loca que hay”.

Lo cierto es que la última vez que yo había ido a una cancha no llegué a ver el partido. Nadie llegó a verlo en realidad. Fue aquel malogrado Argentina-Brasil, en cancha de Sarmiento, que se suspendió por el estallido —o algo así— de los reflectores. Nos quedamos con la satisfacción de ver precalentar a Neymar. Un lujo, una maravilla. En fin, lo que se ve todas las semanas. Menos mal que se suspendió el partido, decíamos todos en la tribuna mientras veíamos precalentar también a Barcos, el 9 argentino. Ahora, en El Gigante de la Avenida, vi en el entretiempo precalentar al Chaco Torres. Un capo, un distinto en serio. Se nota en la elegancia con que toca, la ductilidad con que cambia de pie, nunca un puntinazo. El Chaco Torres entró promediando el segundo tiempo. Se lo vio bien, enchufado y con ganas. No sé a quién le escuché decir que “tiene una amplia visión de la cancha”. Me pareció un comentario muy atinado: desde el medio daba la impresión de que Torres era un faro iluminando los vacíos, con criterio en los pases, incluso en los mal dados. Con su luz de por medio, no hay partido que pueda suspenderse.

Lo que importa es que For Ever, por si aún no lo dije, ganó. Y ganó bien. O al menos esa sensación me dio a mí que, como imaginarán, no es que vaya mucho a la cancha. Antes de aquel frustrado Argentina-Brasil había ido unas —veamos— quince, dieciséis, quizá hasta diecisiete veces (me vi tentado de decir unas seis, siete, ocho, pero no, fueron unas cuantas más). Lo mejor del asunto, al menos para mí, es cómo se aprecian distinto las distancias, los esfuerzos y, más vale, el griterío dentro de la cancha. Uno ve un partido por televisión y, con total impunidad, se queja de un jugador que no llega a la pelota. Lo ves en vivo y ni por asomo vas a pensar que se pueda alcanzar lo que estos tipos alcanzan. Ver un partido en vivo hace que uno se replantee unas cuantas puteadas. Incluso hace que uno sea mejor persona, al menos por un rato.

Lo mismo, recuerdo ahora, me pasó en el año 98. Boca vino a Resistencia para jugar a beneficio de los inundados. Dirigía el Bambino Veira y vinieron Palermo, los mellizos Barros Schelotto, Riquelme... pero a mí, que nunca antes lo había visto, el que me impresionó fue Caniggia. Por Dios, cómo corría ese tipo. Le tiraban ladrillazos desde cincuenta metros y contra todo pronóstico, el Hijo del Viento llegaba, dominaba la pelota y la llevaba a buen puerto. Le faltó nomás hacer un gol. Y salir campeón con Boca.

Bueno, los jugadores de For Ever me deslumbraron de manera similar. Hasta el Flaco Visconti con su andar cansino. Escuché mil y un historias del Flaco Visconti y, aun sin haberlo visto jugar, tenía ganado todo mi aprecio. Antes de que arranque el segundo tiempo le dije a Pablo Black —que venía de comprar de la cantina cuatro alfajores Tatín: “Ahora viene el gol de Visconti”. El tipo se merece ser el prócer que ya es en For Ever. Le vi inventarse, él solito, por lo menos tres situaciones de gol. Lo vi parlotear al árbitro como sólo aquellos jugadores con historia y derecho ganado saben hacerlo. Le vi poner el cuerpo con la convicción de quien pone además un poco de su alma. Lamento no haber visto su gol, pero me llevo el consuelo —absurdo— de haberlo pronosticado.

El segundo gol tardó más de lo necesario en llegar, pero también es cierto que enfrente había un buen rival, del cual aún no dije nada. Sportivo Patria, de Formosa. Si yo pronostiqué el gol de Visconti, Miguel Molfino había pronosticado ya el resultado: “La Patria —dijo Molfino—, la Patria es el Otro”. Claro que sí, pensamos todos al llegar al Gigante de la Avenida. Y lo confirmamos al irnos con el feliz 2-0 final: la Patria, sí, la Patria es For Ever.

 

Mariano Quirós

 
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