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Martes, 30 Mayo 2017

El Negro también

Viernes 26 de Febrero de 2016 18:01

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Tercera entrega de la serie Escritos forever. En este oportunidad, el escritor chaqueño Pablo Black y su relato del triunfo de Chaco For Ever sobre Sportivo Patria (Formosa). Otra forma de ver el fútbol, con la pasión de siempre.

 

Vuelvo a ver a For Ever como local después de veinte años. Lo digo con vergüenza. La última vez fue en el Nacional B del 96, contra Gimnasia y Tiro de Salta. La cancha explotaba, salimos 1 a 1, y en el partido de vuelta, en Salta, nos cocinaron. Creo que nunca más estuvimos tan cerca del regreso a primera división como en aquel 1 a 1. Y yo estuve ahí, lo digo con vergüenza.

 

 

Quizás por haber abandonado al Negro durante tantos años, algún tipo de orden superior determinó que mi regreso no fuera en forma de hincha sino, lo digo con vergüenza, de cronista. Y ya se sabe, por definición los cronistas no están del todo, andan siempre con un pie afuera, como saliéndose de la situación para ver mejor. Y todo bien si la situación es, pongamos, una guerra, pero si se trata de un partido de fútbol, ser cronista y no hincha secas es casi casi un castigo.

 

Pero no se piense que todo es gris en la vida del cronista. En los días que corren, además de ir a Cuba, que sigue siendo la opción más recomendada, es una buena manera de volver a ver fútbol gratis, pues los cronistas, naturalmente, entramos de arribeño a la cancha. Se dirá:¡pero no es gratis!, después hay que hacer la crónica, y escribir, mal que mal, diga lo que se diga, es un trabajo. Es cierto, es cierto…, sólo quería decir una huevada, o acaso el imbécil de Niembro es el único con derecho a decir pelotudeces.

 

A la espera del comienzo del partido, ya instalado en el nuevo y coqueto sector del estadio por donde circulan dirigentes, el gobernador, representantes y familiares de jugadores, periodistas y gente aún peor, miroansiosamente a un lado y otro en busca de un tema para mi crónica. Pienso que definir eso lo antes posible me traerá tranquilidad. Para hacerme creer a mí mismo de que voy resolviendo el asunto, anoto en mi libretita de apuntes: “14/02 Chaco For Ever vs. Sportivo Patria. Regreso a la cancha del Negro. A la izquierda, muy buena la morocha de jean azul”.

 

Entre otras maravillas, escribió Juan Villoro, un cronista extraordinario cuyo libro Dios es redondo todo buen hincha debería correr a buscar (aunque no conviene discriminar, que corran a buscar también los de Sarmiento), entre otras maravillas, decía Villoro, el fútbol es un gran disparate físico. Concretamentehablaba del milagro de Maradona, un negro feo, petizo y regordete que realizaba con la pelota movimientos de una gracia sobrenatural. Lo mismo cabe para Messi,¡la Pulga!, sin duda otro disparate físico y otro milagro. Y ya que estamos, y justo que lo vemos salir al campo de juego pisando con el pie izquierdo, lo mismocuentatambién, salvando las distancias,para el granAldo Visconti, ese gigantón poco cuello, de movimientos pesados y toscos, que siempre pero siempre te la manda a guardar. ¡Y golazos, para más! Y uno se pregunta, ¡pero cómo!, ¿en qué momento se convirtió en otro del que es y luego de sacarse un rival de encima clavóun zapatazo hermoso, inatajable? ¡Cómo! Pero no hay respuestas, precisamente porque se trata de un disparate, se trata de fútbol… Encima, en lo que uno se demora buscando explicaciones, Visconti ya te clava el segundo… Éste, es cierto, menos lindo, más bien feo, pero vale lo mismo.

 

Pero regresemos al partido. Primer ataque de patria, centro al medio del área y el cuatro de For Ever, queriendo sacar al córner con la cabeza, casi mete la pelota en el ángulo. Por suerte el arquero Perelman vuela y la descuelga.¿Qué te pasa, boludo? Pareció a propósito lo del cuatro… Busco su nombreen la planilla oficial a la que tenemos acceso los cronistas: Hugo Iván Díaz. Por su DNI noto que es el más joven del equipo. Con razón, digo para mis adentros, no hay que ponerpendejos a jugar estos torneos.

 

Maso nomás el arranque. La verdad que el partido noentusiasma demasiado. Hasta que, a los quince minutos pongamos,ataque de For Ever: la tiene Visconti, debe abrir hacia la derecha donde se muestra Franco Cabrera. Se trata de un pase de cierta distancia pero muy sencillo. Sin embargo a Visconti le sale horrible; el defensor de Patria intercepta la pelota y se dispara un contraataque temible. De repente me noto emocionado, bien arriba. Pero no es la tensión del contraataque que, dicho sea de paso, Patria arma muy bien, sino Visconti, nuestro goleador que,con el rostro desencajado de un vengador, regresaa toda máquinaa tratar de enmendar su moco.

 

Salvo en ocasión de pelotas paradas o cuando hay que cuidar un resultado sobre la hora, es más bien raro y hasta antinatural ver defender a un delantero. Los delanteros a lo sumopresionan y roban pelotas, pero nuncadefienden ni recuperan. Es injusto, pero así es el mundo: siempre hay algunos que la pasan mejor que otros. Recuerdo la anécdota que me contó mi amigo Germán Parmetler, quien de chico solía ir a los partidos de veteranos de su papá, en cuyo equipo, entre otros lujos, jugaba el exquisito Nonín López. Mi amigo me contó queen una oportunidad,Nonín, a quien entonces nadie osaba cuestionar su posición de delantero, tras perder la pelota de una manera francamente tonta, se quedó parado, bajo la más absoluta indiferencia, viendo a su rival alejarse con el balón. Esto provocó la indignación de uno de sus compañeros,que le espetó elreclamo que se acostumbra en estos casos: “¡Correla, Nonín!”; a lo que Nonín respondió: “¡Corré vos que soscroto!

 

Pero Visconti sí corrió la pelota, sí regresó por ella, y no hizo falta que nadie se lo exigiera (a ver quién se anima…). Él solo, por propia iniciativa, decidió romper el orden natural del fútbol yhacer del mundo (al menos una vez, al menos en una jugada) un lugar más justo. Fue entonces que entendí cuál sería el tema de mi crónica: los regresos. Sí. Aquellos regresos que, como el de  Visconti, hacen que todo cambie.

 

Promedia el segundo tiempo, vamos 1 a 0, gol de ya se sabe quien. El Negro juega bien, mucho mejor de lo que me esperaba. El cuatro, hablo de Hugo Iván Díaz, es definitivamente un jugadorazo. Muy buen pie, salida rápida, gran dinámica, se acopla diez puntos al medio campo y al ataque, y tiene un movimiento rápido,una suerte de quiebre de cintura de afuera hacia adentro,gracias al cual rompe el esquema de los rivales y genera prometedores callejones para su equipo. Gran jugador, el cuatro, y su juventudmarcaclaramente la diferencia, especialmente en estos torneos. 

 

Y hablando de regresos, Juan Manuel “Chaco” Torres,que vuelve a jugar en nuestra provincia. No hay con qué darle. El que es bueno es bueno. Ingresó comenzado el segundo tiempo y con él manejando el medio campo, el equipo adquiere mayor soltura, una elegante osadía.

 

Miro cada tanto hacia la barra del Negro. Los pibes no dejan de cantar, sin embargo tengo la sensación de que falta algo, pero no sabría decir qué. Lo olvido rápidamente y vuelvo a concentrarme en el partido. Deben quedar cinco minutos, rebotes y confusión en el área de Patria hasta que la pelota le queda justa a Adrián Galeano, le pega fuerte, abajo: ¡Gol! 2 a 0. Ya está, partido cerrado.

 

La gente en la tribuna se distiende. No se va pero comienza a hablar de otra cosa. ¿En qué viniste?, ¿tomamos una cerveza o tenés que volver para tu casa? Es entonces que comienza a escucharse… Vuelvo a mirar a la hinchada, que es de donde viene la arenga, y me digo ¡eso!, eso era lo que faltaba… ¡el cantito!Lo conocemos todxs, dice: “Oooh, el Negro va a volver / va a volver, va a volver / el negro va a volver”. Me alegro, me emociono por segunda vez, y me digo en voz baja, claro, más vale que puta, ¡Vamos a volver! ¡Y el Negro también!

Pablo Black

 
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